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Salidas cualquier dia de la semana

06:00 am: HORA EXACTA. Partida rumbo a Paracas desde el lugar de concentración elegido por el cliente.
Traslado a la Bahía de Paracas (Lugar donde inicia la Reserva marina más grande del Perú y segunda de Sudamérica). Refrigerio a bordo.

10:00 am: Arribo a Paracas, nos dirigiremos al embarcadero El Chaco, desde este lugar se partirá hacia las Islas Ballestas  *EXCURSION A BALLESTAS

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Paracas, fue, sin duda, un gran centro industrial pre inca e inca. Cientos o tal vez miles se dedicaban al hilado, tejido, bordado, teñido, la confección, el dibujo, el diseño y la producción de colores.

Los paracas empleaban la fina lana de la vicuña y el algodón pardo para hilar y tejer los maravillosos mantos, que pese al tiempo transcurrido se han mantenido prácticamente intactos.

Asimismo, también utilizaban finos hilos de oro, cabello humano y plumas para tejerlos. Esta labor era tan fina que se ha encontrado que existían hasta 500 hilos por pulgada cuadrada.

Los diseños tambien sos sorprendentes. Tal vez ellos sean la mejor clase de historia, cultura y antropología que cualquier sociedad dejara de sí misma.

Allí se encuentra lo que para los paracas era de suma importancia y debía ser peremnizado en dibujos y colores: felinos, aves, serpientes, peces, señores de la guerra y de la fe.

Gracias a Julio C. Tello, quien los descubrió y puso en valor en 1925, los mantos fueron rescatados en diversas necrópolis encontradas en los arenales de Paracas.

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Arena por doquier, sol intenso y frio nocturno han convertido a Ica en el lugar natural de la uva de todo tipo, la de mesa y la industrial.

Cientos de hectáreas de viñedos se extienden por buena parte de la costa iqueña, transformándola en un emporio nacional del bueno vino y los destilados como el pisco.

Cerca a la ciudad de Ica están las haciendas Tacama y Queirolo, entre muchas otras, que ahora se dedican también a promover la cultura del vino y el pisco a visitantes del Perú y el extranjero.

Incluso, cuentan con guías, catadores, hospedajes y reataurantes para conducir a los visitantes al interior de la fascinante historia iqueña y las técnicas del cultivo.

Existen también, y muy buenas, huertas y pequeños fundos, que producen vinos y piscos artesanales con las mismas técnicas heredadas de siglos atrás y que obtienen finos productos de colección.

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Las tejas o chocotejas son toda una tradición en Ica. Su producción es artesanal y se pueden encontrar en diversos lugares de la ciudad.

Pero por cierto, es imperdible ir a la casa de una de sus cultoras más afamadas, la Sra. Blanca Medina de Buendía, iqueña de pura cepa y quien lleva toda una vida promoviendo este dulce propio de la soleada región.

Las tejas son variadas y dependen del fruto que les dá orígen. Algunas son de pecanas, otras de guindones y hasta de limones, cualquiera de ellos recubiertos con dulce de leche glaseado.

Mientras que las chocotejas, igual de deliciosas, son más bien recubiertas en abundante chocolate crocante y envueltas en papel mantenca.

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Este es un deporte que sólo puede practicarse en Ica. Las altas dunas hacen de enormes toboganes, pero de arena. Desde lo más alto, la tabla se desliza por unos segundos a una velocidad increíble.

Es allí, precisamente, que la adrenalina empieza a brotar a borbotones, ya que las sensaciones que produce provocan repetición.

El deporte, por cierto, está libre de todo riesgo, ya que la suave arena amortigua cualquier mala maniobra. Pero es mejor disfrutar al máximo sin contratiempo e ir bien sujeto a la tabla con las amarras respectivas.

Un consejo útil: aprovisionarse de botellas de agua para evitar la deshidratación propia del sol iqueño y la emoción de la experiencia.

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Ica es el paraíso de las dunas. Enormes colinas de pura arena, sobre la que se deslizan vehículos sin puertas ni ventanas conocidos como "tubulares", precisamente por su estructura maciza hecha en base a tubos de acero.

Estos tubulares, también llamados buggies por los turistas, recorren las proximidades de la Huacachina, enorme paraje de maravillosas dunas de todo tamaño e inclinación.

Los tubulares, bajan y suben las montañas de arena a toda velocidad, provocando vértigo y emoción entre quienes disfrutan de este divertido paseo.

El quemante desierto iqueño es retado por la velocidad del viento que baña de frescor a los pasajeros, pero al mismo tiempo permite un recorrido inigualable sobre este desconocido territorio de palmeras, oasis, colinas y montañas de la costa peruana.

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Llamada así en honor a la doncella inca Huacca China, está laguna es un verdadero oasis en medio de las montañas de arena que la rodean.

Es un lugar único, no sólo por las leyendas que la rodean y su naturaleza singular, sino por su hermoso malecón, la hermosa arquitectura de los hoteles y la tranquilidad que se respira en este lugar dominado por la arena.

Allí, en uno de sus hoteles, el Salvatierra, uno puede deleitarse con los cuadros del afamado pintor Sérvulo Gutiérez, quien era asiduo del lugar.

Otro visitante recurrente fue el presidente Augusto B. Leguía, quien protagonizó una era de construcción y modernización del país los priemros 30 años del siglo XX.

Ahora en la Huacachina se puede disfrutar de este marivilloso ambiente de leyenda, repleto de historia que se abre como una joya a la espera de los visitantes de todo el mundo.

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